23 oct. 2012

¡Quéjate de ti mismo y no del Mundo!

No paramos de echar las culpas a los demás de todos lo que nos pasa o de cómo son o de cómo nos tratan o nos hacen sentir. En realidad, no nos quejamos del Mundo, en realidad (y muy dentro de nuestro ser) nos quejamos de nosotros mismos.
Lo que me molesta en ti, en realidad me molesta en mí misma. Tu eres el reflejo de mi alma y en ti puedo ver todo aquello que no veo en mi misma. Hay cosas que me fascinan, que me atraen y que me encantan. Pero también hay cosas que me pesan, que me cansan y que me ahuyentan de ti.
 
No es nada superficial lo que molesta de ti. Somos seres imperfectos y me gusta tal cual te veo y te siento. Pero en realidad, el amor auténtico no pone condiciones, no tiene grados, no depende de quién seas o qué hayas hecho.
El amor auténtico es aceptar a esa persona con su pasado, con sus ideas y con todas las acciones que llevó a cabo un día, aunque jamás las compartas, jamás las admires y jamás las tolerees. Están ahí, son nuestras y hay que aceptarlas porque de ello depende que tu mismo te aceptes tal cual eres, sin ponerte cadenas, ni pesos...
 
Cuando estoy enfadado, son mis pensamientos los que me enfadan. Si me molesta que seas egoísta, es mi egoísmo el que me molesta. Si me cansa que seas torpe, es mi propia torpeza la que me cansa. Así, puedo ser consciente de mis defectos: aunque no te conozco, tu presencia me hace mejor. Cuando se desvanece la culpa, sólo queda gratitud.
 


He descubierto que lo que realmente me molesta es que me pongo límites, me aprisiono para creer que tengo el control de mi vida. No es que tú me frenes... En realidad la que se pone frenos soy yo. No te culpo, sólo se me ocurre darte las ¡GRACIAS!

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