25 abr. 2012

La LEY DE LOS 40 DÍAS: 40 días para creer en ti.

Un hombre hecho a sí mismo, luchador, visionario, cariñoso y ejemplar; me dijo un día:
Delante de una adversidad o de un problema al que no veas solución alguna cógelo, envuélvelo con amor y mételo dentro de un armario. Abandónalo allí y haz que tome un reposo de 40 días. También los problemas necesitan descansar y tomarse un respiro.
Aprovecha el retiro espiritual del problema (que sea él el que medite esta vez) y durante este tiempo proponte no pensar en él. Siéntete liberada y permítete no seguir buscando más soluciones a ese problema. Utiliza esos 40 días para creer en ti, para respetarte, para ocuparte de ti, de tu vida, de las cosas que te hacen feliz y olvídate de él. No será fácil pero que lo intentes te permitirá tener ya una parte importante del camino recorrido. Son sólo 40 días. Tú puedes concedértelos, disfrutarlos y evadirte de tu realidad de forma temporal.
El secreto de La Ley de los 40 días. ¿Qué sucede de mágico?
Que el protagonista de tu vida deja de ser el problema y empiezas a serlo tu. Tú eliges, tú decides, tú disfrutas sin pensar en nada más que no sea en ti. Los sentimientos apegados al problema se enfrían y día a día van cambiando de color... Del rojo chillón al relajado azul, pasando por un sin fin de tonalidades cual arco iris taciturno.
Y finalmente llega ese día. El día 40.
Vuelve al armario y busca tu problema. Míralo de frente, a los ojos y obsérvalo con atención. Siente qué te dice y qué remueve en ti, siente qué argumenta tu intuición y, sólo entonces, obtendrás la respuesta mágica.
Si el problema realmente era importante hallarás la solución al instante, sabrás qué hacer, cómo actuar y qué acciones tomar al respecto. Si el problema no era tal, quizás ni recuerdes que le diste 40 días, quizás no sepas ni en qué armario lo dejaste o, simplemente, se habrá solucionado sólo. Sin más.
Y esta es La ley de los 40 días. Permítete escapar del mundo y ser tu, recuperar tu esencia; para luego gritar al mundo que sigues siendo la misma y que ahora ya sabes qué quieres hacer con tu vida.
Gracias papá por esta ley… Te quiero.

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