26 ago. 2011

Nadie se cruza en nuestras vidas por azar

Llegamos a este mundo con un cometido, una misión o un trabajo a llevar a cabo.
Elegimos desde antes de nacer la familia que va a acojernos, porque serán quienes nos ayudarán a conectar con el sentido de nuestra vida, ellos nos ayudarán (sin darnos cuenta) a conseguir nuestro objetivo existencial.
Hay gente que a lo largo de su vida consigue saber cuál es y disfruta de su experiencia en la Tierra sacando el máximo partido a la misma. Y su vida se convierte en un viaje espiritual de felicidad y paz. Su harmonía interna es tal que no necesitan nada más en esta vida.
La sociedad en la que vivimos no entiende de espiritualidad, ni de amor, ni de cometidos. La sociedad actual somete cual ovejas a la gente, nos obligan a seguir las directrices que les interesan y, sobretodo, nos instan a que no pensemos mucho. No salir de la norma, no destacar y no pensar más allá de lo socialmente permitido. Sino aceptas las reglas, eres un antisocial, estás mal visto y formas parte de los grupos minoritarios y marginales. Si no les obedeces, ellos actúan, nos someten con el arma más poderosa que tienen: el miedo.
Todos llegamos a este mundo para aprender de la vida.
Sufrimos porque forma parte del aprendizaje y mirar adelante con ganas de seguir aprendiendo es la única opción posible para conseguir estar en equilibrio con nosotros mismos y con el universo.
He conocido personas maravillosas y necesito seguir conociéndolas para que me aporten su paz, su amor y su harmonía.
Cada persona que se cruza en nuestra vida nos aporta algo, nos enseña, nos hace más grandes y, a veces, mejores. Cada persona que se cruza en nuestra vida lo hace para enseñarnos algo. Y cuando acaban su cometido, hay que dejarlas fluir...
Disfrutad de cada momento, de cada nueva persona y de cada novedosa experiencia que os suceda porque sin duda, la vida es eso, aprender, aceptar y seguir... Seguir el camino, que nos lleve de regreso a casa, dónde empezó todo.

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